
Noche en Opwijk
Autor: Alan Pauls
Escribí “Noche en Opwijk“ en una capital europea de segunda línea, una de esas ciudades-pañuelo que la proa del tren ya ha dejado atrás cuando la amenaza jovial del guarda recién hace vibrar la popa aletargada en la que uno viaja. El cuento -"un testimonio de su experiencia en la ciudad, por favor"- fue la única contraprestación solicitada -con los modales irreprochables de siempre- por los responsables de la residencia para artistas que me habían invitado. Fue escrito, pues, en esa condición un poco límbica, puro desapego y aventura, que es la del "escritor en residencia", en un departamento céntrico que pagaban otros, bendecido por un estipendio generoso y el privilegio, casi el milagro, de no tener que hablar con nadie durante la mayor parte del día. En los '80 eran las becas; los escritores –ciertos escritores, en especial los que manejaban con destreza la secreta guía Michelin de las universidades norteamericanas- vivían bastante agradablemente saltando de campus en campus, exhibiéndose como mascotas de un sistema educativo ávido por pavonear "creatividad". Ahora la cosa son las residencias para escritores, rubro más geriátrico pero también menos...